Empecé desde cero,
como muchos de ustedes.
Salí de Venezuela sin saber si volvería. Con una mochila, mucha fe y el corazón apretado — crucé la frontera hacia un país que no hablaba mi idioma, pero que me ofrecía algo que en casa ya no existía: una oportunidad.
Mis primeros años en Miami los pasé de pie, detrás de una silla de barbero. Cortando cabello de lunes a sábado, sin días libres, guardando cada dólar con la esperanza de que algún día las cosas cambiarían. Y un día, cambiaron.
Alguien me mostró una industria donde el esfuerzo se paga diferente. Estudié, obtuve mi licencia, y empecé desde cero — otra vez. Hoy ayudo a familias latinas a proteger lo que más les importa, y a personas que quieren más de la vida a encontrar ese mismo camino que yo encontré.